HA DE DAR CORAJE

Por: Luis A. Chávez

Ha de dar mucho coraje que dejes la casa tirada, llegue otra persona, la limpie, la acomode. Ha de dar coraje que todo ese tiradero que dejaste (con quién sabe qué negras intenciones), no sean acordes a tus maquiavélicas ideas de acuerdo a ese plan oscuro y, la culpa que pensabas endilgarle a otros, comiences a darte cuenta que, esos otros, han iniciado ya una tarea de sanidad y trabajo.

Un entripado, dolor, rabia y furia de ver cómo a esa tarea de labor se comienzan poco a poco a sumarse más personas convencidas en el nuevo trato y atenciones que desde hace mucho sencillamente ya no recibían.

Ahora ¿a qué otro truculento plan lleno de malignidad acudirás?, ¿ignoras que, si golpeas y violentas, haces del otro un mártir si es que ese otro te ignora y continúa trabajando?

Te reúnes con aquellos a quienes les pagas (con los que has comprado) y a cambio de contaminarse de tu infundado rencor, gritan –sin eco- a los cuatro vientos que lo bueno que se ha estado haciendo “está mal” y sólo porque sí o más bien por esa magra paga (todo mundo sabe ya de los mercenarios a tu servicio) anuncian una y otra vez que “hay errores” donde, está visto, no hay más que aciertos a pesar, se insiste, de la forma en que te desempeñaste impunemente mal.

Por supuesto, da coraje notar que tu maledicencia, tus deseos de fracaso para quienes laboran tanto, no da frutos y observas cómo crece la honestidad que tú jamás prodigaste y sí reuniste a tu alrededor a servidores traidores para obtener datos y usufructuar de ellos a tu beneficio (esto también ya se sabe) y no te queda más que aguardar por un ligero error, por una leve equivocación para, con los mercenarios que te alaban, digas de nuevo que “esto, aquello y lo demás está muy mal”.

Ha de dar coraje cómo tus maquinaciones son las que fracasan, que no puedes. 

Saber que hay miles dispuestos a defender esa causa de limpieza, honestidad y orden que tanta falta hacían y que tú, cuando tuviste la oportunidad, nada más no lo hiciste.

Ha de ser terrible comprobar cómo, lentamente, tu propio veneno… se vierte en contra tuya y te aniquila.

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