El Plan de López Obrador, la pleitesía y el discurso

Fuente: Proceso

“Asistir” al Congreso Nacional Extraordinario de Morena, en el que el líder nacional de ese instituto político, Andrés Manuel López Obrador, dio a conocer su Plan de Desarrollo 2018-2024, y ver el acto desde las gradas que están al pie del Auditorio Nacional frente a una mega pantalla, fue asistir realmente –sin comillas– a un verdadero acto religioso, en el que los fieles, llorosos los ojos, china la piel, arrobada el alma, miraban embelesados, con amor y convicción verdaderos, al Cristo que aparecía en la pantalla.

Estaban pasando el documental autobiográfico Esto soy, realizado por el productor, cineasta y activista Epigmenio Ibarra, en el que Andrés Manuel da cuenta, in situ, de sus orígenes y de sus ancestros. Habla de sus abuelos, de sus padres, muestra fotografías de su madre joven, fotos con la familia entera cuando él y sus hermanos eran pequeños. Orgulloso muestra la casa donde nació, hoy desvencijada, fachada de abandono, barrio pobre.

Él, siempre en primer plano, la voz cantante… Más bien, la única voz, la única imagen viva, con presencia. Su esposa siempre aparece de espalda, nunca se ve su rostro, no se le escucha una palabra, una opinión… Al hijo de ambos uno que otro acercamiento. Ellos no importan. Andrés Manuel sí. Él habla, ríe, cuenta historias, platica, pontifica, opina, promete, acusa, juzga, critica…

Andrés Manuel sabe mover los resortes, las fibras más íntimas y sentimentales de sus seguidores, sobre todo, ciertamente, de los menos favorecidos… Pero de los también más fácilmente manipulables.

“Qué hermoso, ¿verdad?”, le dijo una señora al reportero cuando éste decidió levantarse y dar media vuelta para retirarse porque el calor era insoportable, pero más la cursilería, la grosera manipulación, el culto a la personalidad del hombre de Macuspana.

“Qué hermoso” es la misma frase que le dice su madre a este reportero cuando visitan alguna iglesia y se paran frente a una imagen o a una escultura de un Cristo crucificado, todo ensangrentado, con las huellas de la tortura y el rostro doloroso a más no poder. “Qué hermoso”.

Así ven, así oyen, así sienten sus fieles a Andrés Manuel López Obrador. Y es convicción verdadera. No son los paleros o acarreados de otros partidos que se desgañitan vitoreando a su candidato a cambio de alguna prebenda.

“Acceso de prensa”

Este reportero llegó al Auditorio Nacional pasadas las 11 de la mañana. Directo al “Acceso de Prensa”. Pues no, ya no hay paso.

Proceso ya entró –le dijeron.

–Sí, lo sé, mi compañera que cubre las actividades de Andrés Manuel está adentro; pero yo tengo que hacer un trabajo especial y debo ver a fulano, zutano y mengano. Ellos me pidieron que los buscara.

–Pues háblale a César Yáñez (jefe de prensa de AMLO) y me lo pasas.

–Háblale tú. Pregúntale, dile quién soy y de qué medio. Yo no tengo su teléfono.

–Es tu problema. Lo siento.

Imposible convencer al hombre, que más parecía del Estado Mayor Presidencial, justamente: cuadrado, que no escuchan, que no atienden explicaciones. No es no y punto. Y como este reportero, 20 colegas más, en la misma situación.

Hubo que hacer algunos contactos y el reportero consiguió un gafete de “invitado especial”, “personal e intransferible”. Salió la misma. Las puertas de acceso tenían candados. Que ya no había cupo. Que así lo decidió Protección Civil.

–Oiga, pero yo tengo mi lugar apartado; vea mi gafete, mi nombre, soy del equipo del Proyecto de Nación –dijo el reportero, como se lo habían indicado.

–Lo siento, yo no tengo llaves de los candados.

–Pues vaya con quien los tenga, por favor. Yo tengo lugar apartado, como le dije…

El hombre ya ni caso hizo. Se dio la media vuelta, sin gesto alguno. Total indiferencia.

Absurda la decisión de cerrar con candados las rejas de acceso del Auditorio Nacional. Si adentro pasa un percance, un desplome, un incendio y se provoca una estampida… Valiente decisión de Protección Civil.

Discurso que no convence

Ni modo, a ver los toros desde la barrera. En las escaleras que conducen al Auditorio, de espaldas a él, frente a la mega pantalla, pero junto a la gente sencilla. Y a escuchar a los que hicieron uso del micrófono.

Y si los fieles son verdaderos devotos de la imagen, las palabras, la voz de López Obrador, el contenido de los discursos sigue sin convencer. Sí se ve que ha habido un trabajo de meses, profesional, en la confección del eventual plan de gobierno de AMLO si se llevara la Presidencia de la República en los comicios de 2018.

Pero sigue siendo en el terreno económico en donde se aprecian las mayores debilidades de las propuestas de López Obrador. Por ejemplo, proponen una reforma fiscal sólo por la vía del gasto público. Suena interesante, pero no hay detalles. No explicó, con argumentos convincentes, Abel Hibert, encargado de Economía y Desarrollo del equipo de AMLO, cómo le van a hacer.

Sobre todo, si se piensa que el gasto no programable –todo lo que se va a estados y municipios, el costo financiero de la deuda, el gasto de pensiones, entre otros conceptos– ocupan gran parte del presupuesto total. Y si a ello se suma el gasto corriente ineludible –la nómina del aparato gubernamental, los maestros, médicos y enfermeras, las fuerzas armadas, y otros; más los gastos de operación de dependencias fundamentales como la SEP, Salud, Desarrollo Social y otras…

No se ve margen de maniobra para impulsar la inversión pública, sustituir importaciones, hacer refinerías nuevas, reconfigurar otras; darle pensión a todos los adultos mayores y, sobre todo, su programa estelar, de darle becas a millones de jóvenes, lo mismo para que estudien que para capacitarse…

Es decir, si no hay suficientes ingresos propios, recurrentes, que vengan de la actividad económica –los tributarios, pues– no hay posibilidad de tener un gasto público suficiente, que aporte al crecimiento económico e impulse a la inversión privada.

Suena interesante lo que dicen. Pero todavía no se ve cómo van a hacerlo, de manera viable y sustentable.

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