19S, un temblor fuera de lo común

Fuente: Reforma

Factores como el epicentro, tipo de sismo y las construcciones en la zona lacustre del Valle de México definieron la capacidad destructiva del temblor de este 19 de septiembre y marcan las principales diferencias con el de 1985.

1) Epicentro

Servicio Sismológico Nacional, UNAM.
El sismo de magnitud 7.1 se originó a sólo 120 kilómetros de la Ciudad de México, entre Puebla y Morelos, mientras que el de 1985 tuvo epicentro en las costas de Michoacán, a más de 400 kilómetros de la Capital.

2) Tipo de sismo

Institutos de Geofísica e Ingeniería de la UNAM.
Este temblor fue intraplaca, pues una falla geológica, a 57 kilómetros de profundidad, ocasionó que la placa continental de Norteamérica tuviera un esfuerzo extensivo.

Esto es poco común, aunque no anormal.

La mayoría de los sismos en México son de subducción (como el de 1985), en los que la placa oceánica se hunde bajo la continental.

3) Aceleración máxima

Institutos de Geofísica e Ingeniería de la UNAM.
A la lista de factores para determinar lo ocurrido se unió la aceleración máxima del suelo producida por las ondas sísmicas.

En este temblor se registraron 57 gal (unidad de aceleración) en Ciudad Universitaria, que está en suelo firme, casi el doble de las 30 gal generadas en 1985.

4) Tipo de suelo

Institutos de Geofísica e Ingeniería de la UNAM.

El que la CDMX esté construida sobre lo que era un lago hace que sus sedimentos sean blandos, por lo que hay mayor sismicidad.

La amplitud de las ondas sísmicas en lo que eran zonas lacustres (en rojo) puede crecer hasta 50 veces más que en el suelo firme, en periodos de 2 segundos. Además, este suelo alrededor del blando amplía más las ondas, incluso de 300 a 500 veces.

Al estar cerca del límite de la zona lacustre con la de suelo firme, el impacto en las colonias Roma, Condesa, Centro y Doctores fue mayor.

En 1985, las ondas tuvieron mayor amplitud y duración, lo que dio como consecuencia la caída de grandes inmuebles; para 2017, la duración fue más corta y esto concluyó en la caída de casas y edificios de 3 a 12 pisos. 

5) Aceleraciones espectrales

Óscar Mireles. 

Además de la aceleración máxima, ingenieros y sismólogos calculan aceleraciones espectrales para determinar la estabilidad de los edificios.

Éstas son valores —tomados de dos estaciones sismográficas en la CDMX: una en el suelo firme de Ciudad Universitaria y la otra en suelo blando, en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes— que dan una idea de la velocidad que distintos inmuebles pudieron experimentar durante el sismo.

¿Qué demostraron estos valores? 

Institutos de Geofísica e Ingeniería de la UNAM.
  • 1.En edificios de 1 a 12 pisos, en suelo firme, la aceleración espectral fue el doble de la registrada en el terremoto de 1985
  • 2.En suelo blando, esta aceleración fue igual a la del sismo de hace 32 años en dicho tipo de inmueble.

La explicación de los daños

Fernando Camacho.

Ingenieros y sismólogos de la UNAM, al cartografiar los valores de aceleración producidos por el temblor de este 19 de septiembre, encontraron una correlación entre los daños y los lugares donde hubo mayor aceleración espectral.

Institutos de Geofísica e Ingeniería de la UNAM.
▲ Edificios caídos en la CDMX.

Este mapeo ubicó las afectaciones de distintos inmuebles, de 4 a 7 pisos, a lo largo de toda la zona de transición del suelo firme al blando, en el poniente del área de lago.

A esto se unió la duración del movimiento que, mientras que para la zona de suelo firme en CU fue de 36 segundos en aproximado, para el área donde se ubica la SCT fue de un minuto.

Además, estructuras antiguas y dañadas por el sismo de hace 32 años tenían un rezago en su infraestructura, lo que posibilitó su caída.

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