Advierten dislate en quitar pluris

Fuente: Reforma

José Woldenberg, ex presidente del extinto Instituto Federal Electoral (IFE), considera que el financiamiento público a los partidos y la representación plurinominal en el Congreso son elementos fundamentales del sistema político mexicano.

El académico de la UNAM advierte en entrevista que la propuesta de eliminar los legisladores plurinominales distorsiona el sistema de representación política en el País.

“Hace mucho no escuchaba un dislate de estas proporciones. Al discutir el tema de la representación a partir de los ahorros que se pueden tener, me parece que las coordenadas están rotas”, comenta.

Se expresa a favor de un debate racional, sin demagogia, sobre estos temas y señala la pertinencia de una disminución del financiamiento público a los partidos, pero alerta que su eliminación traería consigo el riesgo de caer en manos de “mecenas” privados o hasta de intereses oscuros.

Quien presidiera el IFE durante las reformas de 1994 y 1996 –cuando se diseñó el modelo de financiamiento público con apertura al dinero privado– considera que eliminar el cien por ciento del financiamiento público a los partidos es “un disparo al pie” que puede afectar la equidad en las contiendas electorales, la transparencia del dinero que reciben, y contraer compromisos con grupos legales e ilegales.

“Si el financiamiento público se considera excesivo, por supuesto que se puede reducir, pero la discusión no puede ser financiamiento público cero o financiamiento público como el actual”, precisa y aboga por construir un justo medio.

“Lo que expresan son dos cosas: la mala conciencia de los partidos, es decir, ellos mismos han asimilado muchos de los prejuicios que flotan en la sociedad, subrayo, los prejuicios. No veo que asimilen las críticas y salgan a responder.

“Ahí hay también demagogia de la mala, porque también hay demagogia de la buena. ¿Cuál es la demagogia de la mala? En donde todos pierden. Es decir, se satisface una pulsión social porque todos sabemos que hoy en México hay mucha irritación contra los partidos, contra el gasto de los partidos y, subiéndose en esa ola, se van hacia un extremo: ‘No queremos ya ningún peso público'”, explica.

“Yo temo que grandes corporaciones privadas acaben siendo los mecenas de los partidos y, dado que nadie da dinero a cambio de nada, se conviertan en una especie de ‘mandamases'”, agrega.

El ex consejero recuerda que cuando se optó por el financiamiento público preeminente, uno de los asuntos que se discutieron fue precisamente que los partidos no quedaran atados a intereses particulares.

Explica que, en un momento crítico que vive México tras el impacto de los sismos, es entendible que los partidos deseen trasladar recursos para apoyar a las tareas de reconstrucción y a los damnificados.

“Me parece de mínima sensibilidad que entidades de interés público reaccionen ante la emergencia y estén dispuestos a que parte de sus recursos o todos sus recursos sean destinados a esa causa”.

Sin embargo, dice, preocupa que se proponga que los partidos ya no reciban un sólo peso del erario.

“De toda América Latina, el único país en donde no hay financiamiento público a los partidos es Venezuela. ¿Qué es lo que sucede en ese caso? Que el partido en el gobierno obtiene los recursos de las instituciones públicas, como en México sucedía hace muchas décadas, y la Oposición tiene que recurrir a los recursos privados.

“Pensemos bien lo que estamos discutiendo, porque la salud de la democracia en buena manera tiene que ver con la manera en que llegan y se supervisan los recursos. Yo sigo sosteniendo: los recursos públicos son mucho más transparentes que los privados. Sabemos cuánto dinero sale de Hacienda, cuánto llega al INE y cuánto se deposita en las cuentas de los partidos políticos”, detalla.

Woldenberg subraya que en el sistema de partidos del País hay dos grandes fuentes de financiamiento: la privada y la pública.

“En 1996, México optó porque el financiamiento público fuera preeminente por tres razones que siguen siendo válidas: una, el financiamiento público es mucho más transparente que el privado; dos, equilibra las condiciones de la competencia y, tres, el financiamiento público generoso busca que los partidos no sean dependientes ni de los grandes grupos económicos o, peor aún, de grupos delincuenciales.

“En los tres puntos hay avances importantes. Ahora, si el financiamiento público se considera excesivo, por supuesto que se puede reducir, pero la discusión no puede ser: financiamiento público cero o financiamiento público como el actual”, puntualiza.

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