El delito de ser gay entre Beatles

Fuente: El Mundo

  • Brian Epstein, mánager y descubridor de la banda, murió hace 50 años, justo cuando el Reino Unido despenalizó el sexo entre hombres.Su drama es, desde entonces, un símbolo

Fue justo hace 50 años, en medio de lo que se ha dado en llamar el “verano del amor”. Los Beatles habían entregado Sgt Pepper’s Lonely Hearts’ Club Bandarrasaban en todo el mundo con All you need is love y cientos de miles de jóvenes vestidos de manera estrafalaria y ataviados con flores en el pelo se reunían en San Francisco en un festival que glorificaba precisamente eso, el amor.

Pero, por ley, de esa efusiva oleada de amor estaban excluidos todos los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales del Reino Unido, donde las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo aún estaban prohibidas y eran perseguidas y castigadas por la ley. Ni siquiera Brian Epstein, el famoso mánager de aquellos cuatro chicos de Liverpool, el hombre que los descubrió mientras tocaban en el club The Cavern, el que pulió su imagen, se ocupó de lanzarles a nivel internacional y les hizo más famosos que el mismísimo Jesucristo, según la frase de Lennon, estaba invitado a la fiesta del amor.

Este domingo se cumple medio siglo exacto de la muerte (supuestamente accidental) por sobredosis de barbitúricos y alcohol del llamado “quinto beatle”. Epstein falleció el 27 de agosto de 1967 con 32 años, en la más absoluta soledad, sin haber podido sumarse a la celebración del amor. Nunca tuvo una pareja estable y jamás reconoció públicamente su homosexualidad.

No eran tiempos aquellos para andarse con tonterías: la misma legislación que en 1895 condenó al escritor Oscar Wilde a dos años de cárcel todavía seguía en vigor en el Reino Unido y el sexo anal podía acarrear la condena a cadena perpetua (hasta 1861, se preveía incluso la pena de muerte).

Sólo en 1966, el año antes de la muerte de Epstein, más de 420 gays fueron condenados en Gran Bretaña por lo que legalmente se denominaban “actos de indecencia graves”.

En aquel verano de 1967, y desde la entrada en vigor de esa legislación contra la homosexualidad, ascendían a más de 49.000 los hombres que habían sido condenados en el Reino Unido por esa causa, de los cuales se estima que 15.000 aún siguen vivos. Entre los hombres arrestados y encarcelados por homosexualidad durante los años 50 en Gran Bretaña, cuando la Policía decidió perseguir con mano dura esos comportamientos, no faltaban los nombres de relumbrón: científicos, matemáticos, artistas… Hasta Alan Touring, el responsable de descifrar Enigma -el código secreto utilizado por el Ejército nazi durante la II Guerra Mundial- fue condenado en 1952 por la famosa fórmula de “indecencia grave”. Para evitar ir a la cárcel aceptó la castración química y siguió un tratamiento con hormonas femeninas. Dos años después, se suicidó.

La legislación británica, sin embargo, no decía ni una sola palabra sobre el lesbianismo porque, cuando se redactó la normativa, las relaciones sexuales entre dos mujeres eran sencillamente inconcebibles.

Pero todo cambió curiosamente el día exacto de la muerte de Epstein. Ese mismo 27 de agosto de 1967, después de un intenso y prolongado debate en la Cámara de los Comunes que se prolongó hasta bien entrada la noche anterior, la reina Isabel II estampó su firma en la llamada Sexual Offences Act 1967, promulgando de ese modo la ley aprobada antes por el Parlamento británico que despenalizaba de manera parcial en Inglaterra y Gales los actos sexuales realizados en privado entre dos hombres siempre que fueran consentidos y ambos tuvieran al menos 21 años (frente a los 16 años de las relaciones heterosexuales). La ley, impulsada por el parlamentario laborista Leo Abse y el diputado conservador Lord Arran, contó con la bendición del arzobispo de Canterbury, Michael Ramsey, lo que en la época causó furor y furia.

La ley era sólo una despenalización incompleta de la homosexualidad y de hecho Peter Tatchell, activista a favor de los derechos LGTB, calcula que en las décadas siguientes, más de 15.000 gays aún sufrieron persecución policial. Pero fue el comienzo de un cambio fundamental. En Escocia tuvieron que esperar hasta 1980 para que la homosexualidad dejara de ser delito y en Irlanda del Norte, hasta 1982. Los miembros del Ejército, por su parte, estuvieron amenazados con ir a la cárcel por mantener relaciones homosexuales hasta 1994.

Epstein había sufrido en sus carnes acoso por su homosexualidad. Mientras estaba en el Ejército como soldado raso, una noche se puso un traje de oficial para salir de copas por Londres. Le pillaron y pasó una noche en el calabozo por hacerse pasar por un superior. A fin de evitar ser juzgado por un tribunal castrense, accedió a ver a un psiquiatra militar, al que confesó su homosexualidad. Resultado: fue expulsado por ser considerado “no apto emocional y mentalmente”.

Después de aquello sus padres también decidieron llevarle a un psiquiatra, dado que por entonces la homosexualidad se consideraba un trastorno mental y que lo sucedido había llevado a Epstein a la depresión. El psiquiatra, viendo que el chaval deseaba por entonces convertirse en actor, recomendó su ingresó en la Real Academia de Arte Dramático de Londres. Pero Epstein sólo estuvo allí un año: le pillaron a la salida de un cuarto de baño público en Swiss Cottage en el que solían darse cita a escondidas varios gays. Le detuvieron bajo la acusación de “molestias persistentes”.

“Creía que mi propia fuerza de voluntad era lo mejor para superar mi homosexualidad… Estaba decidido a pasar por el horror de este mundo. Siempre he sufrido profundamente por los perseguidos, por los judíos, por las personas de color, por los viejos y por los inadaptados de la sociedad”, dejó escrito Epstein, quien, por cierto, era judío.

Durante sus 32 años de vida, mantuvo su homosexualidad en secreto. Sólo su pequeño círculo más cercano (los Beatles incluidos) sabía que era gay, y eso lo convirtió en flanco de sarcasmos. John Lennon era el más ácido y eso que se le atribuye una aventura con Epstein durante un viaje a Barcelona, en abril de 1963. Lennon lo negó, aunque llegó a admitir que algo había habido: “Bueno, fue casi una historia de amor, pero nunca se consumó. Pero tuvimos una relación bastante intensa”.

Brian Epstein murió sin poder reconocer públicamente su homosexualidad. Y, seguramente, sin imaginarse jamás que en diciembre de 2014, de haber vivido para entonces, habría podido asistir a la boda del padrino de Sean Lennon, Elton John, con David Furnish. Y sin sospechar que este verano, 50 años después de su muerte, su Liverpool natal acogería una nueva edición del festival del Orgullo Gay que celebra desde 2010.

Un comentario sobre “El delito de ser gay entre Beatles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *