El monero incómodo

Fuente: Reforma

En la esquina de la última página del libro que publicó, una caligrafía garrapateada, burlona y familiar declara la hazaña: “hecho por Rius a los 83 años…”.

Bajo esta leyenda, a manera de firma, un grabado de otro siglo muestra la imagen de una mosquita sabihonda que escribe, con estas mismas palabras -se entiende-, un pomposo tratado de Historia.

Es el último zumbido de Eduardo del Río, Rius, en el oído de la clase política: Los presidentes dan pena(Grijalbo, 2017).

Fallecido la madrugada de ayer a los 83 años, el monero no se fue del mundo sin dar antes, en el año de su muerte, el último par de ganchos.

“Primer candidato al que no destapa el PRI, sino Televisa, y primero que no compra la silla en efectivo, sino con tarjeta (…)”, define al Presidente Enrique Peña Nieto, a quien retrata, copetudo y con pestañas largas, con un espejo en la mano y un moño que lo premia como “El más guapo”.

Con más de 50 años de lanzar dardos y más de 100 libros publicados, el humorista ateo, vegetariano y de izquierdas -antes comunista declarado-, creador de Los Supermachos y Los Agachados, y educador de generaciones, se fue reconocido, aunque quizá entre dientes, por algunos de sus adversarios de toda la vida.

Desde los 60 politizó a millones de lectores con personajes como Juan Calzónzin, habitante de San Garabato de las Tunas y protagonista de Los Supermachos, el indígena hiper filosófico con sus perros Stalin y Boturini, y con Don Perpetuo del Rosal, la caricatura del cacique mexicano.

Todavía en internet se venden playeras que dicen “Soy ateo gracias a Rius”, debido a sus libros denunciando al catolicismo.

Hasta sus últimos años, Rius le atribuía su larga vida a un pacto con el diablo para convertir religiosos.

“Crítica, humor y libertad, todo ello en un cartón de Rius. Descanse en paz el destacado caricaturista y periodista Eduardo del Río García”, tuiteó ayer el propio Presidente de la República. Lo cierto es que la relación del caricaturista con los priistas nunca fue tersa.

“Te lo voy a poner así de simple: la gente le creía. Era uno de los pocos periodistas de la época a los que la gente le creía y yo pienso que eso se salía de todas las lógicas de control que llegó a tener el Estado mexicano”, define el monero Rafael Barajas, El Fisgón, discípulo, amigo y cofundador de El Chahuistle y El Chamuco y los Hijos del Averno.

En la época a la que se refiere, la del priismo de mediados del siglo pasado, Rius se las arregló para publicar sus cartones -en muchos casos fue despedido- en revistas como Siempre!PolíticaSucesos y Proceso, y en diarios como Ovaciones, el Diario de MéxicoEl UniversalLa Prensa y El Heraldo.

En pleno 1968, publicó junto con los moneros Helio Flores, AB y Naranjo, tan jóvenes e irreverentes como él entonces, la revista de sátira política La Garrapata, a la que, según cuenta Rius, el monopolio PIPSA le negó el papel desde el primer ejemplar y que, ante la falta de anunciantes, sólo llegó al número 19.

Como escribió en dos de sus libros autobiográficos, Rius para principiantes Mis confusiones, llegó a ser un hombre con dos cumpleaños.

Luego de aquel lejano 20 de junio de 1934 en Zamora, Michoacán, la segunda vez que nació, cuenta, fue el 29 de enero de 1969, cuando al pie de una fosa cavada en algún sitio del Nevado de Toluca, un grupo de militares armados le informaron que, por esa ocasión, no lo iban a matar por haber molestado al “Señor Presidente”.

El secuestro que sufrió todo ese día, y cuya autoría logró a atribuir al entonces Secretario de Gobernación, Luis Echeverría, se debió a un cartón suyo en el que mostraba a Gustavo Díaz Ordaz vestido como monaguillo, pero con una cachiporra en una mano y una suástica en la otra.

“Desde entonces, creo que padezco del corazón”, le decía a Fabrizio Mejía Madrid, quien ya no alcanzó a prologarle su último libro.

“Hasta ahí llegaba el compromiso de Rius con la verdad y con esta idea de que, en México, la mejor opinión se hace a través de los caricaturistas”, celebra.

“Caricaturista por chiripada”, como él mismo se describe, su carrera comenzó cuando, por pura suerte, el director de la revista humorística JA-JÁ, entró a la agencia funeraria donde Rius trabajaba de joven pidiendo un teléfono. “Si alguna vez hace algunos chistes, yo se los publico”, le dijo para devolverle el favor.

Tras publicar cartones de un lado a otro, crearía Los Supermachos en 1965 y, cuando le robaron el nombre, años después, Los Agachados.

“Creo que pocos maestros de ese tamaño hemos tenido en el País. Él introdujo a muchísima gente en la lecturas y era una especie de Secretaría de Educación alterna”, dice El Fisgón.

Sus muchísimos libros de introducción al Marxismo, que lo mismo leyeron y admiraron El “Ché” Guevara que el ideólogo de la banda punk The Clash, Joe Strummer, son básicos para la educación de muchísimos. Lo mismo con los otros temas que cultivó como el vegetarianismo y la historia del México.

“Era una persona muy tímida, muy introvertida, con un humor muy cáustico; siempre estaba bromeando, pero nos sorprendía a todos la timidez con la que vivía, era una persona muy austera en su vivir, en su andar”, dice el fotógrafo Enrique Torres Agatón, su amigo cercano. “Todo mundo piensa que los caricaturistas son gente que se la pasa riendo todo el tiempo”.

Y es que aunque Rius tenía un humor que ya es un clásico, entrañaba seriedad absoluta en sus posturas. En una de las últimas viñetas de Los presidentes dan pena, un sombrerudo mira hacia el 2018 y, hastiado, se pregunta “¿…otro presidente? No la ch…”.

Más abajo, de forma, escueta cierra el libro con una mujer molesta ante un libro que expresa el mensaje del mismo: “¡Ya chole del PRI!”.

Desde niño le gustaba dibujar, pero fue entre los 19 y 20 años que comenzó a fijarse en los monitos de los periódicos; sobre todo en el trabajo del caricaturista Abel Quezada.

 RIUS, el monero rebelde

Fue un monero autodidacta; trabajando en una funeraria, “con mucho tiempo para hacer cosas”, decía, comenzó a trazar sus primeros personajes. Hasta que un día el director de la revista Ja Ja le dio su primera oportunidad.

Así empezó una trayectoria que llevó sus caricaturas a periódicos como Ovaciones –donde tomó el lugar de Abel Quezada–, La Prensa, La Jornada y revistas como Proceso y Siempre!. También fundó revistas como La Garrapata, El Chahuistle, El Chamuco y Los Hijos Del Averno.

Cobró fama con la publicación de Los supermachos, historieta que incomodó al gobierno en turno por su humor crítico y que incluso pidió retirar de circulación. Juan Calzónzin sería su personaje más popular en esta y otras historietas.

Después vendría Los agachados, historieta en la que por más de una década abordó una amplia gama de temas, como política, religión, sexo, futbol, filosofía, economía y nutrición.

Militante del Partido Comunista, publicó varios libros en apoyo a la revolución cubana, como Cuba para principiantes (1965), ABChe (1972) y Cuba libre (1973), hasta que, declaró en una entrevista en 1994: “Llegué a la conclusión de que lo que se estaba dando allá no era socialismo, era un sistema muy raro que se ha dado en llamar Castrismo. La permanencia en el poder de Fidel Castro por tantos años lo ha enfermado de poder, de egoísmo”. Entonces escribió Lástima de Cuba.

Autor de más de 100 libros, Rius consideraba a la historieta un medio para sembrar preguntas y saberes en la gente: “Tengo la idea de que el intelectual (yo no me considero intelectual, pero a lo mejor acabo siendo) debe compartir con sus lectores sus conocimientos”, consideraba.

 

Cuando contaba 60 años hablaba de jubilarse, de tirarse en la hamaca para dedicarse a la pintura, arte que también lo apasionaba. Pero los monitos, como siempre los llamó, no lo dejaron. Recientemente lanzó en formato de e-book Los Presidentes dan Pena (Grijalbo).

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