Barcelona para el sinvergüenza

Fuente: Milenio

@luisgonzlezdea

En solemne ceremonia, la Universidad de Veracruz entregaba la Medalla al Mérito Universitario en Jalapa a un científico que, como corresponde, hizo una brillante exposición de su área. Al término de su ponencia se le acercó un achichincle del gobernador: “Que dice el Señor Gobernador que haga usted el favor de NO presentarse a saludarlo… Es que… No aceptó usted cambiar su corbata por una de las rojas que, antes, le ofrecí”.

El gobernador era Fidel Herrera y en su presencia, aun si se trataba de un acto de la Universidad de Veracruz, nadie, ni el premiado, podía ir de corbata azul. Quien recibía la medalla universitaria era el doctor Antonio Lazcano-Araujo, primer director del Centro Lynn Margulis en las islas Galápagos, donde Darwin redondeó su idea de la evolución por selección natural al comparar los diversos picos de los pinzones, y el científico mexicano menos necesitado de un saludo del gobernador X.

La anécdota parecía insuperable, pero en Reforma dio el rebazón Juan Pardiñas: en una ceremonia en el Banco de España, a Fidel Herrera le gustó un cenicero y se lo echó al bolsillo del abrigo. Otro mexicano lo amenazó con denunciarlo si no lo dejaba. También los hay. “¡Atornillen los ceniceros!”.

Como gobernador de Veracruz, y en pleno auge de los precios del petróleo, aumentó la deuda pública… ¿le parece mucho un 20 por ciento? ¿Un 100? No. La aumentó más de veinte veces. ¿Dónde está la obra pública?

Luego tracaleó con la Lotería, a cargo de un yerno de Elba Esther, que arreglaran la tómbola para que se sacara el gordo de la Lotería. Se le hizo poco y se lo volvió a sacar. La probabilidad de que eso ocurra en la vida de una persona es de una vez en 2 mil millones de años. No compre Lotería.

Luego, ya ex gobernador, se hizo pagar una beca de estudiante (sí, eso) en Barcelona. Las fotografías del dúplex que adquirió en esa hermosa ciudad son ofensivas. Pero la beca no fue suficiente: ahora es el representante de México en Barcelona, el cónsul. Para lo cual fue necesario rebajar la categoría de la ciudad en Relaciones Exteriores y que su nombramiento no debiera pasar por una imposible aprobación del Senado. ¿Qué le sabe a Peña Nieto? ¿Fueron novios? ¿Es más gordo?

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