Violación y asesinato de una niña en Edomex

Fuente: El Universal

Elisa Alanís

Valeria, de once años, fue violada y asfixiada en un transporte concesionado por el gobierno del Edomex.

Ese mismo gobierno que ignoró la desesperación de los padres y tardó 18 horas en activar la Alerta AMBER. El mismo que posteriormente detuvo al chofer, José Octavio “N”, como presunto responsable. Hombre que, bajo su custodia, el día de ayer a las cinco de la mañana apareció muerto.

¿Él mató a la niña? ¿Hubo más involucrados? ¿Formaba parte de las redes que azotan a los pasajeros de la región? No se sabe.

La Comisión Estatal de Seguridad indicó que el detenido se ahorcó en su celda del penal de Neza Bordo.

Crimen y muerte en lugares regulados, operados o supuestamente vigilados por el propio gobierno. El mayor número de feminicidios en el país. Vacío de poder de una entidad de la República en descomposición. Espacio de complicidades.

Hace un año, tres meses, asaltaron, golpearon y agredieron sexualmente a mi colega de EL UNIVERSAL. También ocurrió en el interior de una combi de transporte público mexiquense, en la ruta Ixtapaluca-Aeropuerto.

Escribí en esta columna lo sucedido. La forma como se desvió el chofer y mantuvo el radio a todo volumen. La saña con la que actuaron otros dos sujetos. Las frases que espetaron, tan hirientes como la navaja que rozó su vientre. Las secuelas de asco, miedo y coraje que dejaron en mi compañera.

Durante algún tiempo informé sobre los nulos avances en la búsqueda de los delincuentes.

Pregunté al mandatario, ¿qué hacer?

Comenté que los criminales seguían sueltos. Cobijados por la impunidad, donde las fronteras de Edomex, Morelos, CDMX y Puebla se desvanecen. En el circuito que conforman Nezahualcóyotl, Iztapalapa, Tláhuac, Ixtapaluca, Chalco, Chimalhuacán. Tierra de todos. Tierra de nadie.

A pesar de que me llamó uno de los hombres cercanos a Eruviel Ávila y me dijo que personalmente se haría cargo de revisar las cámaras, jamás encontraron a los tipos.

Nada cambió.

El jueves 8 de junio Valeria fue violada y asesinada.

Su padre indicó que la subió al vehículo porque comenzaban a caer algunas gotas de lluvia. Él la siguió en bici. El conductor de la camioneta aceleró. La perdió de vista. Ella nunca llegó.

Sus familiares la buscaron. Toparon con la indiferencia de autoridades. Consiguieron un video del momento en que la combi hizo la parada y la bicicleta se acercó.

Al siguiente día encontraron su cuerpo en aquella unidad de la ruta 40, perteneciente al maldito mentado circuito.

Hay historias que desagarran. Y parecen no tener fin.

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