Eva y el efecto Lucifer (Y AMLO)

Fuente: El Universal

Ricardo Raphael

Hay un cuento mediterráneo que el Antiguo Testamento se apropió para explicar el origen de la mortalidad humana. Trata de una mujer llamada Eva que embaucó a un señor de nombre Adán y luego juntos echaron la culpa a una serpiente por sus transgresiones.

Un escándalo reciente me lo recordó. Esta otra historia parece calcada de la versión original y sin embargo presenta algunas variaciones. Por ejemplo, el paraíso donde ocurre la trama más nueva es Coatzacoalcos y los diálogos se desarrollan dentro del hotel Terranova y no alrededor del árbol de la sabiduría.

Sin embargo, en este caso también “la mujer vio que el fruto del árbol era hermoso y le dieron ganas de comerlo”. El fruto prohibido no era una manzana, sino medio millón de pesos. Tanto efectivo obligó a doña Eva a preguntarle a la serpiente: “¿No tendrá una bolsita por ahí?”

La serpiente en este caso era una mujer de pelos cortos y colorados, pero, igual que la otra Eva, ésta justificó su comportamiento diciendo que la engañaron. ¿Dónde comenzó el engaño? Probablemente si Eva hubieran preguntado el nombre de la serpiente, aún permanecería en el paraíso conservando su candidatura a presidente municipal.

Esta Eva, igual que aquella de la fábula bíblica, no se contentó con el equívoco en solitario. Y es que la serpiente pidió que compartiera el fruto prohibido con el señor Adán.

Frente a este pedimento ella respondió sumisa: “Ah, okey, se lo entrego a él directamente … el sábado.”

Mientras en la versión original hay evidencia de que Adán se comió la manzana, al parecer en la historia reciente no sucedió igual. Eva se llevó el fruto en una bolsita, pero asegura que el medio millón nunca llegó a su destinatario.

Con todo, en los dos casos tronó el cielo y, “en ese momento se les abrieron los ojos y los dos se dieron cuenta de que estaban desnudos”.

Luego, la Eva contemporánea se apuró para afirmar que no tenía ninguna cercanía con Adán y decidió partir sin compañía al destierro.

El hombre por su lado se defendió acusando también a la serpiente. La llamó mafia en el poder y nombró a cuatro personajes (Fox, Calderón, Salinas y Peña) como sus dueños.

¡Serpiente malévola que desde tiempos antiguos viene persiguiendo al pobre Adán, ayudada por Televisa!

Adán dice que va a destruir a la serpiente porque hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan. (Y su plumaje) es uno de esos”.

El cuento del génesis es solo un cuento. Una parábola para niños sumisos. Esta narración sin embargo podría comprenderse de otra manera: un día Adán y Eva se aproximaron al árbol del conocimiento y ahí tomaron conciencia sobre la realidad que los rodeaba. Esa conciencia los volvió adultos y a partir de ese momento se acabó el paraíso y la ingenuidad, la niñez y la tontería.

Aprendieron que era necesario trabajar y parir con dolor y todas esas cosas que uno descubre cuando deja la adolescencia.

Tengo para mí que el episodio de Eva Cadena y su bolsita con dinero significó un cubetazo de agua fría sobre la propuesta política de Morena. El efecto Lucifer ronda a la política mexicana, a toda la política electoral. El problema es que se trata de un pantano que sí mancha plumajes, todo tipo de plumajes. Es naif negarlo, tanto como echarle la culpa de la corrupción a una mítica serpiente.

Andrés Manuel López Obrador —el Adán de esta historia— insiste una y otra vez con que el problema de la corrupción mexicana tiene su origen en la ausencia de mujeres y hombres honestos.

Y sin embargo se equivoca. Estando el pantano de la política como está, hasta el más honesto termina embaucado por la serpiente.

Es cierto que la honestidad personal es relevante pero ella no basta para terminar con la corrupción. La cuestión es el pantano y solo después las personas. Hay que secar el pantano antes de suponer a salvo el plumaje propio.

ZOOM: decir que Eva cayó en una trampa es justificar a Eva. Culpabilizar a la serpiente provoca impunidad y la corrupción en México no se debe a que tengamos abundancia de mexicanos corruptos sino a un pantano inmenso de impunidad que mancha cuanto plumaje se le ponga enfrente.

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