Ahora sigue el 2018

Fuente: Excelsior

Los expertos pensaban que Trump se iba a desinflar, que su discurso racista y misógino, su ignorancia, su desordenada vida personal, sus múltiples quiebras económicas y su negativa a mostrar su declaración de impuestos le impedían ser un candidato viable.

Aquí, de cara a 2017, el año de los destapes, los aspirantes de la carrera presidencial parecen estar bastante definidos. López Obrador por Morena, Mancera por el PRD y Zavala o Anaya por el PAN, (aunque Moreno Valle va a dar la batalla). Donde hay incertidumbre es en el PRI. Ninguno de sus aspirantes tiene, según las encuestas, una percepción positiva por parte del electorado. Será la decisión de una persona, el presidente Peña Nieto.

El triunfo de Trump le ha dado cuerda a López Obrador. Silencioso respecto a Trump durante la campaña presidencial, aprovechó su victoria para posicionarse como el candidato contra la clase política y la corrupción. Si bien en sentido estricto AMLO es parte de esa clase, es quien mejor se puede distinguir de ella. Trump entendió bien que ante un electorado enojado los argumentos no importan, importa la emoción. López Obrador tiene a su favor que no tiene la cuestionable historia personal de Trump, pero ya está muy visto.

La señora Calderón, como le llama López Obrador a Margarita Zavala, comparte con Hillary el ser la esposa de un expresidente. Ahí se acaban las similitudes. Aunque la imagen del presidente Calderón crece en contraste con la caída en la popularidad del presidente Peña Nieto, no es como Bill Clinton, quien salió de la presidencia con altos niveles de popularidad. Tampoco tiene Zavala la experiencia política de Hillary. Sin embargo, a diferencia de ésta es vista positivamente por la opinión pública. Se le reconoce como honesta y sencilla. Esto es su motor.

Nuestro sistema electoral es muy distinto al de Estados Unidos. Importa ganar el voto popular. Hillary obtuvo casi tres millones más que Trump, aunque perdió en ese arcaísmo llamado Colegio Electoral, el cual privilegia a estados menos densamente poblados que suelen votar por el Partido Republicano. En nuestro caso pesan mucho las entidades más pobladas. De las 32 entidades, sólo cinco tienen casi la mitad de los votantes. El Estado de México, la Ciudad de México, Veracruz, Jalisco y Puebla suman 33.2 millones de electores de los 71.7 en todo el país.

Nuestro sistema favorece a los candidatos de los partidos políticos establecidos ya que tienen los recursos y el acceso a los medios de comunicación. No requieren buscar dinero para comprar spots, lo tienen en función del porcentaje de votos que obtuvieron en las últimas elecciones federales. Ahí el PRI, junto con su aliado el PVEM, lleva una gran ventaja. Aunque la relevancia de esto puede cambiar. En Estados Unidos fue claro el impacto de las redes sociales al permitir a cada grupo social vivir en su propia realidad virtual, inmune frente a si los hechos son ciertos y cada vez más escépticos de la opinión de los expertos.

Hay otras diferencias en las reglas del juego entre ambos países. La primera es la organización centralizada de las elecciones en México. En Estados Unidos cada estado decide sus reglas. Así, pudimos ver situaciones caóticas que en México llevarían a descalificar el proceso.

La segunda es que los políticos en funciones pueden hacer campaña sin rubor. El presidente Obama y su esposa fueron los mejores porristas de Clinton. Por mucho menos que eso, basta recordar la sentencia del Tribunal Electoral en 2006, se declararía nula una elección en México, aunque el presidente Peña Nieto, con su bajísima popularidad no sería hoy de gran ayuda para su candidato. Sí lo es en cambio el dinero y el apoyo del gobierno federal, algo que en principio no está permitido hacer, pero sucede. En Estados Unidos ese uso de los recursos públicos no se da.

Con todo, hay ciertas condiciones estructurales comunes. Un crecimiento bajo. El impacto de la crisis económica de 2008 aún se siente y el cambio tecnológico está desplazando a muchos trabajadores, aunque más en Estados Unidos que en México. En nuestro país no podemos echar la culpa a los mexicanos de la pérdida de empleo. Nos quedan los chinos. Y ahora Trump.

El tema central de la contienda electoral va a ser la corrupción. Aunque me queda una duda. Dada la creciente crisis de inseguridad, no sé si algún candidato, quizá un independiente, busque posicionarse con un discurso de mano dura contra el crimen organizado. En fin, se presagia incertidumbre para el año que viene.

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