Geolocalizar a Duarte

Fuente: Excelsior

Yuriria Sierra

Antes de que Jesús Murillo Karam nos diera la que llamó “verdad histórica”, el padre Alejandro Solalinde nos dijo que tenía datos sobre el destino de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa. En aquel entonces, apenas unas semanas después de la noche negra en Iguala, el religioso y activista de los derechos humanos dijo que los normalistas habían sido quemados vivos. Dijo, también, que los hechos no eran obra del crimen organizado, sino de la policía. Su versión no gustó ni a quienes realizaban las investigaciones ni a los familiares de los jóvenes. Y no era para menos: en este caso se necesitan certezas físicas, estudios, pruebas, algo que refute o refuerce cualquier hipótesis, cualquier línea de investigación. Hoy sabemos que la versión del sacerdote no estaba tan errada. Y es que a Solalinde lo respalda no sólo su posición como eventual receptor de confesiones (que, sin bien según sus reglas no debe romperse, éste las cuestiona cuando está en riesgo la seguridad de un país, como en el caso de Guerrero), sino también su reputación de permanente luchador social y activista en el tema de derechos humanos.

Antenoche lo volvió a hacer. El padre Solalinde tuiteaba, incluso, las coordenadas del rancho donde en teoría se escondía el gobernador con licencia y prófugo de la justicia, Javier Duarte. A partir de ahí, como pólvora se corrió el rumor de que el también hoy expriista ya estaba en manos de la PGR. Nada de eso pasó. Aunque lo escrito por el sacerdote en redes sociales alertó a las autoridades, quienes realizaron un cateo en un rancho en Villas de las Flores, en Chiapas, propiedad de Duarte. Nada. No encontraron nada, no encontraron ni a Duarte ni a nadie más.

“Yo la verdad no sabía mucho que creer. Ante tantas mentiras que nos han dicho, ante tanta complicidad y, hay que decirlo, ante tanta protección a Duarte y a todos los flamantes gobernadores de la nueva ola del Partido Revolucionario Institucional, yo no les creo. Después de todo, Duarte tiene un centenar de propiedades. Además, siguiendo la voluntad del Estado y de Peña Nieto, pues no lo van a encontrar, van a administrar el encuentro o le van a seguir dando tiempo para que pueda controlar daños políticos…”, me dijo ayer el padre Solalinde en entrevista para Imagen Televisión.

Sus palabras podrán ser duras, pero responden a una realidad que es imposible de ocultar y de cuestionar. Y en política, siempre, lo que parece es. Incluso, cuando no lo fuera en absoluto. La política es el arte de la percepción. Y hoy todo el mundo percibe que “a Duarte lo dejaron ir”. Y si Alejandro Solalinde tuvo información que presuntamente ayudara a ubicar su paradero, la PGR estaba obligada a corroborar. Y lo hizo y no encontró nada. Lo cierto es que tampoco dio testimonio en video del operativo. Cosa que ya debería ser punto obligado en todos y cada uno de éstos. Porque, entonces, a la percepción pública se puede sumar que no sólo lo dejaron ir, sino que tampoco lo quieren atrapar.

“Yo preguntaría en Migración, Relaciones Exteriores… ¿todos los órganos del Estado no se habrían dado cuenta? ¿Es prófugo y no van a ser capaces de detenerlo? Seguramente está aquí y lo están protegiendo. Él sabe que a ningún lado va a ir sin que lo encuentren, porque la Interpol va a intervenir…”, me respondió Solalinde cuando le pregunté si creía que, efectivamente, Duarte seguía en México. Y es que es inexplicable cómo siendo Duarte un personaje al que se le seguía la pista desde hace meses, de pronto su rastro se esfumó y nadie sabe, nadie supo y lo más lamentable viene cuando pensamos que tal vez, nadie sabrá. “Qué pena que tengan que acudir a un sacerdote para asuntos que no le competen, porque quienes sí tendrían que hacerlo no lo hacen…”, concluyó.

Volviendo al tema de percepción: no podemos pensarlo distinto si la huida de un personaje como Duarte estuvo tan cantada por varios personajes de la vida pública —y seguramente usted también lo pensó, querido lector— y aún así se concretó. Qué más da que lo hayan expulsado del PRI o que haya perdido su fuero, si está prófugo y el estado que gobernó está en una tremenda crisis política. Cayéndose a pedazos. Cómo no intentar buscar respuestas en otra parte si quienes tendrían que darlas no pueden con tantos pendientes que no se han resuelto. No sé siquiera si alcancen a ver que ésta, la geolocalización y captura de Javier Duarte, se convirtió ya en su máxima emergencia. O no sé, tal vez están esperando a que aparezca alguna nueva.

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