Duarte: todos los caminos llevan a EPN

Fuente: Sin Embargo

  • Dinero y política, el sello priista
  • Si cae Duarte, cae Peña Nieto

@_martinmoreno

Para entender el innegable vínculo política-dinero-corrupción que hoy tiene a Javier Duarte a un paso de la cárcel, y a Enrique Peña Nieto en caída libre dentro de un pozo negro y sin fondo, debemos remontarnos a la madrugada del 27 de enero de 2012. Lugar: el Aeropuerto Internacional de Toluca.

Procedente de Xalapa, una avioneta del gobierno de Veracruz – encabezado por el priista Duarte-, con matrícula XC-CTL, aterrizó con 25 millones de pesos en efectivo dentro de la panza. La fortuna era custodiada por uno de los hombres de confianza de Duarte: Miguel Morales Robles. El dinero iba bien acomodado en dos maletas.

Así, hoy nos queda más que claro un fenómeno:

Si Cae Duarte, cae Peña Nieto.

¿Por qué?

Por una razón contundente:

A estas alturas, Javier Duarte está arrinconado y enfurecido. Reportaba el periodista Wilbert Torre que en Los Pinos ya hubo un enfrentamiento entre escoltas y el EMP cuando Duarte quiso ver por la fuerza y sin cita previa a Peña Nieto. Duarte vociferó amenazas.

Con la espuma en la boca, Duarte denuncia penalmente al periódico Reforma por “daño moral” y solicita que nada sobre su persona sea publicado en ese medio, en una especie de censura judicializada. Duarte lanza mordidas perrunas a quien se le acerque.

Embravecido, Duarte parece estar ya prófugo de la justicia, tras confirmarse la orden de aprehensión girada en su contra la noche del lunes pasado. Oficialmente, el ex gobernador de Veracruz es perseguido por la justicia mexicana.

Sin embargo, en Los Pinos hay un temor creciente:

Javier Duarte le sabe muchas cosas negativas a Enrique Peña Nieto, y está dispuesto a abrir la boca con tal de no pagar, él solo, los desastres que dejó a su paso en Veracruz. No se hundiría solo. Intentaría llevarse en su derrota nada menos que al presidente de la República.

Hoy, Duarte es una fiera herida a salto de mata. Y ya lo sabemos: no hay hombre más peligroso que el que está arrinconado.

Y si en algo Javier Duarte no mintió, fue cuando, en corto, confió que Peña Nieto le tenía reservado un lugar dentro del gabinete presidencial, como premio a sus lealtades político-financieras-electorales. Duarte ya se veía despachando en la ciudad de México, cercano a su amigo y beneficiado. El Presidente se lo había prometido.

¿Qué ocurrió entonces?

Que tanto Duarte como Peña Nieto – y como tantos políticos-, olvidaron una máxima: la soberbia es el pecado de los estúpidos.

Y por soberbios y estúpidos, nada menos, cayeron en desgracia.

Duarte, con un Veracruz destrozado.

Peña, con un México derrumbado.

*****

Si en Los Pinos se creía que los escándalos en torno a Peña Nieto: la casa blanca de la familia presidencial, las manipulaciones y omisiones sobre Ayotzinapa, la casota de Luis Videgaray, la desafortunada visita de Donald Trump, la corrupción, etc., ya no llegarían a mayor daño, pues se equivocaron: Javier Duarte, otro priista, podría ser el clavo cuasi definitivo para el maltrecho ataúd peñista.

Y en toda esta comedia que hiede a corrupción, hay un elemento clave: Miguel Ángel Yunes, ex priista y panista por conveniencia, quien ha declarado que al asumir la gubernatura el uno de diciembre próximo, va a “cimbrar al país” con información delicada.

¿Cuál sería esa información?

Pues no se necesita ser adivino para saber que se acabaría por destapar los nexos financieros entre Javier Duarte y Enrique Peña Nieto quienes, ilusos, creyeron que jamás se sabrían las porquerías monetarias que hicieron desde 2012 y que todo quedaría sepultado bajo la complicidad de los medios oficialistas y los valores entendidos con el PAN y el gobierno de Calderón.

Pero no fue así.

Duarte y Peña Nieto – astillas de la misma madera priista-, se confiaron porque jamás entendieron que los nuevos tiempos del país, a pesar de la corrupción política y el silencio de plumas y medios oficialistas que todos conocemos, hoy tienen otras formas de investigación, denuncia y difusión de los abusos del poder, además de que, para fortuna de México, siempre habrá otros medios y periodistas dispuestos a exhibir la podredumbre gubernamental.

Duarte y Peña Nieto.

Peña Nieto y Duarte.

Dos priistas bajo una misma sombra: la sombra de la corrupción.

TW: @_martinmoreno

Así, hoy nos queda más que claro un fenómeno:

Si Cae Duarte, cae Peña Nieto.

¿Por qué?

Por una razón contundente:

A estas alturas, Javier Duarte está arrinconado y enfurecido. Reportaba el periodista Wilbert Torre que en Los Pinos ya hubo un enfrentamiento entre escoltas y el EMP cuando Duarte quiso ver por la fuerza y sin cita previa a Peña Nieto. Duarte vociferó amenazas.

Con la espuma en la boca, Duarte denuncia penalmente al periódico Reforma por “daño moral” y solicita que nada sobre su persona sea publicado en ese medio, en una especie de censura judicializada. Duarte lanza mordidas perrunas a quien se le acerque.

Embravecido, Duarte parece estar ya prófugo de la justicia, tras confirmarse la orden de aprehensión girada en su contra la noche del lunes pasado. Oficialmente, el ex gobernador de Veracruz es perseguido por la justicia mexicana.

Sin embargo, en Los Pinos hay un temor creciente:

Javier Duarte le sabe muchas cosas negativas a Enrique Peña Nieto, y está dispuesto a abrir la boca con tal de no pagar, él solo, los desastres que dejó a su paso en Veracruz. No se hundiría solo. Intentaría llevarse en su derrota nada menos que al presidente de la República.

Hoy, Duarte es una fiera herida a salto de mata. Y ya lo sabemos: no hay hombre más peligroso que el que está arrinconado.

Y si en algo Javier Duarte no mintió, fue cuando, en corto, confió que Peña Nieto le tenía reservado un lugar dentro del gabinete presidencial, como premio a sus lealtades político-financieras-electorales. Duarte ya se veía despachando en la ciudad de México, cercano a su amigo y beneficiado. El Presidente se lo había prometido.

¿Qué ocurrió entonces?

Que tanto Duarte como Peña Nieto – y como tantos políticos-, olvidaron una máxima: la soberbia es el pecado de los estúpidos.

Y por soberbios y estúpidos, nada menos, cayeron en desgracia.

Duarte, con un Veracruz destrozado.

Peña, con un México derrumbado.

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Si en Los Pinos se creía que los escándalos en torno a Peña Nieto: la casa blanca de la familia presidencial, las manipulaciones y omisiones sobre Ayotzinapa, la casota de Luis Videgaray, la desafortunada visita de Donald Trump, la corrupción, etc., ya no llegarían a mayor daño, pues se equivocaron: Javier Duarte, otro priista, podría ser el clavo cuasi definitivo para el maltrecho ataúd peñista.

Y en toda esta comedia que hiede a corrupción, hay un elemento clave: Miguel Ángel Yunes, ex priista y panista por conveniencia, quien ha declarado que al asumir la gubernatura el uno de diciembre próximo, va a “cimbrar al país” con información delicada.

¿Cuál sería esa información?

Pues no se necesita ser adivino para saber que se acabaría por destapar los nexos financieros entre Javier Duarte y Enrique Peña Nieto quienes, ilusos, creyeron que jamás se sabrían las porquerías monetarias que hicieron desde 2012 y que todo quedaría sepultado bajo la complicidad de los medios oficialistas y los valores entendidos con el PAN y el gobierno de Calderón.

Pero no fue así.

Duarte y Peña Nieto – astillas de la misma madera priista-, se confiaron porque jamás entendieron que los nuevos tiempos del país, a pesar de la corrupción política y el silencio de plumas y medios oficialistas que todos conocemos, hoy tienen otras formas de investigación, denuncia y difusión de los abusos del poder, además de que, para fortuna de México, siempre habrá otros medios y periodistas dispuestos a exhibir la podredumbre gubernamental.

Duarte y Peña Nieto.

Peña Nieto y Duarte.

Dos priistas bajo una misma sombra: la sombra de la corrupción.

 

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