El 2018 o el país, el dilema de Peña

Fuente: Milenio

@puigcarlos

Como cada año, la coyuntura del Informe presidencial trae la especulación sobre cambios en el gabinete presidencial y cambios en el rumbo de gobierno. Los que nos dedicamos a esto escuchamos tantas cosas por estos días que terminamos un poco mareados.

Ahora, como cada cuarto informe, tiene su peculiaridad. Es el momento en que el Presidente debe decidir sobre el fin de su mandato, ese lapso cuando todas las fuerzas políticas, sociales, económicas se desatan para influir sobre la sucesión al mismo tiempo en que el Presidente saliente está construyendo el legado de su gobierno.

Ernesto Zedillo abandonó a su partido en tiempos de sucesión, perdió la elección y salió con la mejor calificación de su sexenio, Fox se obsesionó con detener a López Obrador e imponer a su candidato y terminó con la peor calificación de su tiempo presidencial, a punto de perder la elección. Calderón también quiso imponer a su candidato al partido y terminó perdiendo el partido y la elección.

El dilema de Peña Nieto es aún más complicado.

Con la más baja aprobación presidencial de que se tenga memoria, un puñado de miembros de su gabinete aspira a ser el candidato del PRI para 2018. Tales ambiciones afectan todos los días la operación gubernamental. Antes de cualquier acción los secretarios miran las encuestas. Frente a cualquier cosa que hace un adversario, el otro reacciona, a veces obstruyendo o de plano saboteando estrategias decididas en Los Pinos. Esas broncas, un gabinete de facciones apostando al futuro, afectan la gestión gubernamental y tumban, aún más, la imagen y aprobación presidencial.

Olvidan los suspirantes, por ejemplo, que en las últimas tres elecciones presidenciales los candidatos competitivos o ganadores no han salido del gabinete. ¿Cómo creen que podrán ellos —cualquiera que quede— borrar su membresía en el peñanietismo?

Tal vez el Presidente podría ayudarlos. Podría pedir a todos los que aspiran a sucederlo que renuncien y compitan sin la ventaja que da el cargo, solo en el marco de su partido. Y los podría sustituir por personajes cuya única ambición sea trabajar dos años para construir el mejor final posible para Peña Nieto, haciendo lo que se debe, no lo que los posiciona para la elección.

De lo contrario, viviremos una especie de mito de Saturno al revés. En el que serán los hijos quienes terminarán devorando al padre.

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