Peña Nieto, de la “Casa Blanca” al “Depa Rosa”

Fuente: El Universal

Elisa Alanís

Lo dicho, la investigación sobre la Casa Blanca de Peña Nieto realizada por Carmen Aristegui y su equipo dio “en la línea de flotación” del gobierno. Pegó en el corazón de la estructura peñista.

No se logra reponer. Al contrario.

Ese lugar llamado Los Pinos se ha convertido en un pantano. Sus habitantes han caído en el lodo. Sus dichos no convencen. Entre más se mueven más se hunden. Y es que el fango es espeso. Está hecho de añejas relaciones entre cuates.

Las últimas declaraciones del Presidente sobre el reportaje de Aristegui las escuchamos el día que promulgó las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción. Ustedes recordarán la manera en la que pidió perdón. Entre otras cosas, afirmó: “Los servidores públicos, además de ser responsables de actuar conforme a derecho y con total integridad, también somos responsables de la percepción que generamos”.

¿Aplica esa frase a lo recientemente publicado por el diario británico The Guardian sobre la propiedad de Angélica Rivera al sur de Miami, y el departamento que le presta un conocido de su esposo?

¿EPN es responsable de la percepción que han generado los beneficios otorgados por su amigo Ricardo Pierdant a Angélica? ¿O de no impedir que éste preste a toda la familia un departamento de lujo en Miami y de paso, dinero para el predial del otro condominio propiedad de la señora Rivera? ¿Qué reacciones provoca el que además ese acomedido vecino haya viajado en la comitiva del Ejecutivo, junto con otros poderosos empresarios como Juan Armando Hinojosa?

La respuesta la proporcionó el propio mandatario.

Pero, por si no fueran suficientes sus empantanadas palabras, el asunto no sólo es de percepción.

La realidad es que en la nueva ley general de responsabilidades administrativas, Artículo 3, Fracción VI se define lo que es conflicto de interés: “La posible afectación del desempeño imparcial y objetivo de las funciones de los servidores públicos en razón de intereses personales, familiares o de negocios”. Ojo, indica “la posible”.

Con la mera posibilidad basta. Los servidores públicos (y sus cercanos, por aquello de sus intereses familiares y personales) no pueden recibir regalos, cómodos financiamientos, rentas, prestaditos, favores. Punto. De nadie. Sea o no su contratista.

Por más que algunos traten de minimizar o desacreditar el trabajo de The Guardian, firmado por los periodistas Montenegro y Roa, se trata de un nuevo escándalo.

RAZONES Y PASIONES: El nivel de desaprobación de la gestión de Peña Nieto alcanzó el 74%. Esto de acuerdo con la encuesta realizada por Reforma del 4 al 7 de agosto. Es decir, después del perdón por la Casa Blanca de las Lomas. Y antes del reportaje del Depa Rosa de Miami.

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