Yo ya no tengo hermanos

Fuente: Sin Embargo

@jorgezepedap

Nadie escoge a sus hermanos, y ciertamente Andrés Manuel López Obrador no escogió a los suyos. Aunque tampoco los otros hijos de Doña Manuela y Don Andrés eligieron a su hermano mayor.

“Yo ya no tengo hermanos”, dijo estos días Andrés Manuel López Obrador en reacción al intercambio tan poco fraternal que ha sostenido con Arturo López Obrador. El pleito había iniciado en marzo cuando este último comenzó a hacer campaña por el candidato priista en Veracruz. “Es un traidor y un corrupto”, consideró el Peje; “Es un tirano”, respondió Arturo, y comenzó a hacer videos conminando al voto a favor del tricolor. Ahora AMLO afirma que ya no tiene hermanos.

En realidad Andrés Manuel tiene cinco hermanos, cuatro de ellos varones y una mujer. Con 62 años, el líder de Morena es el mayor y le siguen José Ramiro (Pepín) con 60, Arturo con 59, Pío con 57, y los gemelos Carmen y Martín con 51.

Algunos diarios han señalado que Arturo, el ahora priista, es el “hermano incómodo”. Aunque pensándolo bien, no debe ser sencillo ir por la vida como hermano del hombre más admirado y repudiado de la política mexicana en los últimos quince años. Ignacio Zavala decía que Felipe Calderón era el cuñado incómodo, y no al contrario. Quizá lo mismo podrían decir los familiares del tabasqueño. Ciertamente la trayectoria de el Peje cambió la vida de sus parientes más cercanos. Todos ellos, salvo Carmen, en algún momento han participado de sus proyectos políticos, sea como candidatos o como funcionarios dentro del PRD o de Morena, particularmente los tres mayores. Pepín y Pío han fungido como cuadros responsables de la organización en Chiapas.

No obstante, ninguno de ellos llegó a formar parte del primer círculo de la dirigencia nacional, ni con el PRD ni con Morena. Todo indica que el Peje vio con buenos ojos que sus familiares se incorporaran a su movimiento e incluso que lo convirtieran en actividad profesional y esporádicamente en su fuente de ingresos; la mayoría ha entrado y salido de la política a lo largo de estos años. Pero es evidente que prefirió mantenerlos distanciados de los círculos del poder y de su propia vida pública.

Probablemente hizo bien: las acusaciones de nepotismo de parte de sus adversarios y detractores no se habrían hecho esperar (por otra parte, no ha procurado el mismo distanciamiento de la escena pública con sus hijos mayores; están desempeñando posiciones cada vez más importantes en ese primer círculo político; pero esa es historia para otro momento).

Arturo López Obrador está en su derecho de hacer campaña política por quien le venga en gana, pero nadie puede ser inocente del capital político que representa su apellido en una campaña a favor del PRI, ya no digamos una crítica de su parte al líder de Morena. El PRI paga el costo de producción y difusión de los spots que hace Arturo a favor del candidato priista, justamente porque es familiar de el Peje y no porque tenga una trayectoria personal significativa en Veracruz.

Y desde luego, AMLO también está en su derecho de cuestionar el uso político que sus rivales están haciendo de su apellido, con la complicidad de su hermano. “Traidor” es una acusación terrible, pero también revela la frustración que debe experimentar el tabasqueño al descubrir un nuevo ataque, esta vez desde un flanco inesperado. Sin duda, es una reacción más emocional que política.

Quizá por ello Andrés Manuel ahora intenta una respuesta más sosegada a través del video que grabó esta semana, en el que establece que sus hermanos son sus diez millones de simpatizantes a quienes se siente unido por el deseo de cambiar al país (además de otros 20 millones que, dice, espera sean sus primos hermanos). Y de paso desconoce a los hermanos de carne y sangre pero que carecen de “principios y convicciones” y pactan con el PRI y el PAN. Una respuesta menos visceral quizá, pero que ha vuelto a encender la polémica. El control de daños nunca ha sido su fuerte.

Por lo pronto, los detractores de AMLO han aprovechado esta fricción para señalar que alguien que no tolera la disidencia de un hermano simplemente confirma que “es un peligro para México”. A mi juicio, eso también confirma que la satanización visceral del tabasqueño será otra vez un ingrediente en la campaña presidencial que ya ha comenzado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *